domingo, 4 de enero de 2015

Azul-amarillo

Soy una experta en meteduras de pata con tu nombre. Por eso dejé de nombrarte. También para dejar de pensar en ti y en tu color azul-amarillo.

Eres el aullido del lobo que suena a las 12 una noche de luna llena. Tras eso, todo silencio. Envuelves oídos que lo que de verdad quieren son ruidos ensordecedores que les llenen la cabeza de ideas y no de vacíos. De tus vacíos.

Sobrevuelas con alas de plumas blancas cegadoras y te alejas como si nada, sin siquiera mirar atrás y ver el destrozo que has formado en cada centímetro de mi piel. Has desordenado los lunares y aún no han encontrado su sitio. Has revuelto el pelo y sigue sin ser el de siempre. Has gritado mi nombre y este, ahora, no hace caso más que a ti, y ya no estás.
Te he dicho que sí muchas veces y nunca me escupí ningún no. Creo que eso te dio fuerzas para correr sin mi, para correr y dejarme atrás. Para correr y no darte cuenta de que no podía seguirte el ritmo. Para correr y no ver como me iba apagando poco a poco. Disparaste una bala perdida y no acabó en otro sitio más que en mis tobillos. Ahí se acopló y susurro que no corriera, que él no quería que corriera más, que yo no tenía fuerzas, que el barrio alto te quedaba muy lejos y el mar en la frontera entre todo y nada.
Un hilo de sangre, recuerdo,
me pasó desde los ojos hasta los dedos.
Escupí algo así como
"vuelve"
pero no dijiste nada,
ni siquiera miraste atrás.

Si lo hubieras hecho habrías visto que acababa de cortar las alas que había conseguido que surgieran cuando ni siquiera sabía que podía volar.


Soy esa que se cubrió las espaldas con una armadura a prueba de quemaduras y no lo sabía hasta que te fuiste. Cuando todo se cubrió de tristeza y Roma ya no estaba delante. París se había esfumado. Y yo te esperaba.


                                                                            "¿Quedamos en tu herida o en la mía?" (Carlos Salem)

Sobreviví a base de querer verte y no olvidarte.
Te quedaste ahí plantado cuando lo intenté.
Me olvidé de todo, y las heridas se hicieron cada vez más grandes.

Los días pasaban
y no quedaba más
que una espina
a punto de explotar
un globo
lleno de
espacio
sin estrellas
que estaban
a punto
de explotar
para olvidarse
de todo
su alrededor.

Explotan a mi lado pompas de jabón que destruyen poco a poco la tela de mi ropa. Me quedo desnuda, ante ti, tiritando de frío y tú ahí, mirando hacia otro lado. Mirando a otro culo que anda demasiado lejos para tenerlo todos los días.
Llevas los ojos pintados de lágrimas y construyes con cada respiración un océano verde-amarillo.
Eres todo y eres nada. Te lloro hoy, tras saber que no hablar contigo es algo así como dejar de vivir minuto a minuto.
Descorcho una botella y bebo de la copa que dejaste vacía cuando huiste sin decir a donde ibas.
Apareciste en una playa que te llenaba tanto que yo, a su lado, no era más que una charca con ranas curioseando. Le escribiste el universo y a mi, di gracias pro eso, me regalaste una sonrisa. Que puta ironía eso de que eres igual que todos pero no. Que sabré yo de querer a alguien si cuando me pongo los tacones se me cae el alma al suelo si no estás.
Porque ya no estás ni cuando estoy riendo.

Que puta ironía eso de querer tenerte aquí y saber que tú quieres estar con ella, a 400 kilómetros y disparándole al corazón. A ella, seguro, aún no la has matado.

Pero a mí sí.
Y aquí sigo, como si supiera sobrevivir en un universo sin tu calma al otro lado de las palabras que nos separan.

Ya no volveré a
estar en tu coche
esperando a que
me lleves a casa
y me ofrezcas otra
con sabor a mar.




miércoles, 15 de octubre de 2014

Sin sentido y sin llorar.

Reescribir una vieja carta 
y cambiar un nombre por el tuyo. 
Reescribirte, solo reescribirte para que vuelvas. 
Y no saltarme ninguna coma. 
Ningún punto. 
Ningún acento será lo único que me pida.
Cantarte los abrazos y reventarte a besos. 
Decirte "hola", y llorarte a la espalda. 
Sentir una caída de las bonitas
y olvidarme de que te irás.
Vete, pero siempre sabiendo que volverás. 
Que volveré. 
O vete tú a saber quién de los dos se
perderá en el camino.
Si soy yo, no hace falta que vengas a buscarme. 
Pero si eres tú, 
por favor, 
déjame recorrerme el mundo
y encontrarte, 
sentado,
mirando la gente pasar,
esperando a que llegase.
Llegaré, 
corriendo, cansada, sin sentido y sin llorar.
Pero solo si,
por favor,
me dejas ir a buscarte.

domingo, 10 de agosto de 2014

Es fácil

Una hoja rebota
entre las tinieblas
de unos ojos
que no ven,
pero observan.

Una hoja cae
sobre los pasos
vacíos,
de alguien que corre
y no anda.

La misma hoja
vuela.
Escapa.
Decide mandar a tomar por culo al mundo
y ser libre.

Decide que es fácil.

Y al ser fácil,
ya no mira con otros ojos,
solo mira con los suyos;
ya no besa con otros labios,
solo con los suyos;
ya no acaricia con otras manos,
solo con las suyas.

Es fácil.

Es muy fácil cuando
te da tanta paz que
apenas te das cuenta
del paso del tiempo
a tu al rededor.

Es muy fácil cuando
piensas menos de lo
que crees, cuando
actúas más de lo
que te imaginas.

Es fácil.

Muy, muy fácil.

miércoles, 25 de junio de 2014

Volver, y vuelves tú.



Hoy me he levantado y se me escapan las lágrimas cada dos por tres. Me atrevería a decir que son nervios, pero me estaría mintiendo a mí misma. Son nervios, sí. Pero por no verte. Y yo, que pensaba que ya lo tenía superado, te sigo esperando con el cigarro en la mano.

Se me ha oscurecido el corazón, y ahora pinta de color gris-negro. Ya no pinta rojo ni blanco ni amarillo. Ahora calla sobre las baldosas esperando a que unos pies se paren delante de sus pies. Y ningunos aparecen. Por eso corre. Corre sin mirar atrás. Aunque a veces se para en el camino y se gira. Mira alrededor. Mira hacia atrás. No ve a nadie y sigue corriendo.

Que nadie te prohíba correr. Y tú es lo que estás haciendo. He dejado de correr por tu culpa. Igual que he dejado de correrme. Y joder, vaya mierda eso de no saber por qué. O quizás sí lo sabes, pero no quieres verlo.

Prometerte que volverás a sonreí y caer en el pozo de no querer levantarte. Y ves la luz, pero prefieres cerrar los ojos. Y te vistes para meterte en la cama de nuevo. Y esas cosas. Y esas cosas que haces sin querer hacerlas. Pero las haces. 

Es horrible no escribir en mucho tiempo y cuando vuelves a hacerlo, es por tu culpa. No sé si es por tu culpa o por la mía, pero al final todos los caminos acaban en ti. 
Y yo que pensaba que ya te había olvidado…

domingo, 8 de junio de 2014

Para existir ya estoy yo.

Que pena me da verte al fondo del bar
y saber que ya no hay un nosotros
aunque solo fuésemos un nosotros
un par de horas al día
un par de días a la semana.

Es estúpido esperar que ese día
en plena Plaza de España
puede volver a ser nuestro.
Y también es estúpido pedirle
a Dios, a Alá o a Dumbledore
que ese sitio deje de ser tuyo y suyo
-vuestro-
para que vuelva a ser nuestro.
No es estúpido porque no exista
ninguno de esos tres,
si no porque ni tú lo quieres.

He aguantado que se me escapen
las lágrimas delante tuya,
no porque no te guste que la gente llore delante tuya,
si no porque no serviría de nadie,
y por mi.

Porque prefiero llorar a solas,
con un cigarro en la mano,
sin decir una sola palabra.
Dejé de llorar por la noche para dormir,
y llorar por el día, al Sol,
que al menos seca
de alguna manera
-y al contrario que tú-
cada una de las lágrimas
que me has hecho derramar.

domingo, 4 de mayo de 2014

Si vienes, por favor.

No sé qué hago en la calle en una noche no tan fría como la esperaba.
Imagino que es porque pensaba que volverías. Aún espero que vuelvas.
Y no, no tengo miedo a tener que esperar toda la vida.

Me da más miedo que vengas para decirme "adiós"

Por que si vienes, por favor, ven a decirme "hola, vengo para quedarme".
Y prometo, en ese mismo momento, comerme el mundo a tu lado,
como te prometí sin decírtelo,
con un beso al terminar en tu cama.
Por que si vienes, por favor, ven a decirme "hola, siento haber llegado tarde".
Y prometo aliñar el tabaco y escuchar todos tus problemas,
y solucionarlos uno a uno filosofeando de la vida,
de los peligros y sus virtudes.
De tus peligros y tus virtudes.
Porque si vienes, por favor, ven a decirme "hola, siento haberme ido".
Y prometo colarme como los rayos de sol por tu ventana,
a saludarte todos los días,
a meterte mano de la manera más bonita que existe,
a despertarte comiéndote a besos y caricias.

Pero vuelve.
Yo esperare todo el tiempo que haga falta.
Y cuando vengas, lo perderemos juntos,
sin hacer nada,
simplemente tirados en la cama, en el suelo,
riendo como hacíamos aquel día.

Pero vuelve.

Solo eso.

Vuelve.

martes, 29 de abril de 2014

Hablemos

No os preocupéis por mí.
He saltado desde precipicios más altos que este y he salido ilesa.
Me he hecho los típicos rasguños por caer de rodillas, pero me he levantado.
Tal y como hacen los valientes.
Me he creído los te quiero más efímeros y falsos que podáis imaginar,
y sigo viva.
He abrazado cuerpos que pensaba que me estaban abrazando,
pero solo retrasaban el momento de decir “adiós”.
He besado sonrisas pensando que eran las más bonitas,
las sinceras.
Me he vestido pensando que nadie me miraba
y tenía encima dos ojos que muchas veces me han visto pero
de lo que deberían.
He caminado por rayos de luz sin saber que una sombra me seguía hasta el final.
Me he dormido abrazada a la almohada, esperando que se convirtiera en él.
Y no lo ha hecho.
Y sigo viva.
Me he atrevido a llamarme valiente por haber decidido seguir viviendo.
Dejé de creerme todo lo que oía. Observé un poco más mi alrededor,
y fíjate, ahora hasta me atrevo a contarlo.
 
No os preocupéis por mí, de verdad.
No tengo muchos años, pero poco a poco voy sabiendo más.
Como que debo reír todo el día, o al menos llevar una sonrisa en la cara;
o que nada de lo que se diga a mis espaldas deba afectarme;
o que los buenos amigos son esos que se queda.
También he aprendido que no solo se van los buenos,
también que no debo llorar más.
He descubierto el secreto de la felicidad
y no ha sido destapando una botella de coca-cola,
ha sido mirándome a mi y llamándome valiente.
Pero que me llame valiente no quita que no vaya a hablar de cobardía.
Me he enamorado de miradas y no me he atrevido a decirles nada.
Me he atrevido a aguantar más de lo que podía aguantar.
Me he atrevido a llorar sabiendo que yo no fui.
Sabiendo que yo no tuve la culpa.
Y ahora ya no me importa.

Por eso me atrevo a hablar de cobardía
                                              y llamarme valiente.