martes, 16 de agosto de 2016

Con las alas rotas.

Tengo las alas cosidas por mis propias manos.

Podéis romperlas,
siempre llevo la aguja en el bolsillo
por si me toca pinchar o coser.
En eso estamos,
o camino acompañada o vuelo sola
incrustándome en los ojos
las motas de polvo que aparecen 
al respirar en lo alto.

Ahora, que me quedan
apenas ganas de coser
lo aprovechaste para arrancarme 
las plumas con las que te acariciaba.
Supiste dónde dolía y cuando,
cómo y por qué hacerlo.
Me dejé, 
como si no tuviese miedo.

Pero lo tenía, 
tanto que ni me daba cuenta,
porque al estar tú aquí,
conmigo,
de la mano 
         -más tarde me di cuenta de que apretabas, mucho. 
         Y dolía-
era echar a volar
sin siquiera haberme cosido las alas. 

lunes, 1 de agosto de 2016

Extremidad.

Llevo los pies sucios de pisar
rastrojos
y quemaduras en los talones. 
Me duelen los pasos por no saber
dónde para el tiempo y respirar,
necesario -tanto- como el alzar la vista. 

El tren pasa rápido y me deja
con las prisas y las maletas
en la última parada
de la sábana blanca.

La pureza,
en mí,
ya no tiene hueco. 

Llevo una hija en las entrañas. 
Un marido en la cabeza de mi madre. 
Y un par de nietos para mi padre. 
Nadie se da cuenta
de que no me veo
ni con los pies en el suelo. 

lunes, 27 de junio de 2016

Crecer y caminar. (Opresores y oprimidos)

Llevo una salida de emergencia
en el costado izquierdo,
por si en algún momento necesitas huir
sin las llaves de casa
y las costillas rotas.

Hay una espiral de sentimientos,
un remolino de ideas
y un terremoto de calmas y tempestades.

No me quedan ilusiones a las que agarrarme
y rehuyo de acabar el camino
sin aprender
a sorprenderme
echando a volar a cada palabra.

No me quedan mares en las pestañas
porque me ahogué en ellos 
cuando apenas contaba con 14 años
y decidí quedarme a vivir en ellos.

Echando de menos vuelvo
al hogar del que me sacaron
y me dejaron a tientas
criándome entre una manada de opresores y oprimidos. 

Se me ató por los pies cuando quise huir, 
se me enseñó a callar y obedecer.

Por eso no creo en las normas.

Porque nos cambian
las agallas
por miedo
y el amor
por odio.


Aún así, salí a flote cuando apenas contaba 18.
Me llevé a la mochila los libros y las palabras.
Los escenarios me los comí a base de pisarlos
y yo, cantándole a la vida
y dándole las gracias,

sonrío,
porque sigo viva
en medio del tedioso 
y humillado
camino.

sábado, 18 de junio de 2016

Pensamientos I

Crecimos pasando la vida en bordes de precipicios. Eso nos enseñó a no tener miedo, nunca. A seguir cada día adelante. Nos jugábamos la vida sobre una cuerda, cayendo casi al vacío.
Hacia arriba.
Sonreímos. Porque no tenemos ganas de seguir cabizbajos caminando sin caminar. 
Nos seguimos -unos a otros- como pequeños gorriones en busca de un trozo de pan. A pesar de todo, siguen apareciendo truenos en nuestras cabezas y golpean tan fuerte que somos sordos de nacimiento.
No escuchamos, porque nos enseñaron a tener los oídos taponados. Nos obligaron a ver la mitad de lo que deberíamos
y crecemos sin tener ni idea.

Subimos escalones agarrados a una cuerda por si acaso caemos escalera abajo.
Y nos inyectaron el "por si acaso" como si de una vacuna se tratase. Durante años, hasta ser el conejo de indias de otros.
Nunca nos seguimos, caminamos en soledad y nos quejamos de la no compañía. 

Necesitamos escapar cada vez que cae una piedra.
Huir porque así nos han enseñado.
Y callar porque está mal gritar.

Resucitamos de entre los resultados más criminales, 
nos cortamos el cuello entre nosotros
y caminando sin cabeza tuvimos los pies metidos en el escombro. 
 

lunes, 6 de junio de 2016

En pie. Sin vanos.

Y que no son los sueños de la noche los que me importan.

Que me levanto cada día y todavía pienso en todo aquello que me he perdido y me perderé.
Por eso salgo y lucho contra el tiempo.
Los segundos que pasan
arrancándome la piel
sin dejarme sentirlo
son los que me devolverán
la nada
cuando caiga y nadie me recuerde.

No obstruyo el paso a los viandantes.
Ellos me lo cortan a mí,
y yo, como si fuese un hilo
cosiendo las aceras
y yo,
como si no me aguantase
las ganas de mirar a los ojos...

Y que no son los sueños de la noche los que más me importan.
Son los míos,
los de la manada que recubre el mundo
con las ganas volando entre nosotros.
Diciendo "ojalá" con la boca pequeña
y gritando "ahora".

Porque no les tenemos miedo.
Nos han criado entre luchas
diarias
desgastándose las manos
y destrozándose los pies.

Nos han sacado de apuros.
Nos han enseñado a salirnos con la nuestra

y demostraremos que no ha sido en vano.


miércoles, 1 de junio de 2016

Extensiones II

Me he visto con las manos atadas.
Acorralada entre espinos
y sin apenas fuerzas para caminar.

He resumido mi vida
como si fuera un cómic
y acabada estuve por el malo de la historia.

Y resurgí de las cenizas.
Resbale como lo hacen las canicas
al caer por las escaleras.
Hice ruido con cada pisada por querer
mostrar
que he llegado
y que me queda mucho por andar.
He llorado lágrimas de cal viva
y así acabé con mi dolor,
He reído
y un canario me hacía un soliloquio de fondo
acabando con cada silencio
que había entre risa y risa.

Aposté por lo que menos confiaba
y me escupió en la cara
la maldad
incrustada
en un cobijo.

Por brazos tengo ramas
con astillas
incrustadas en la calma.
Las piernas convertidas en asfalto.
Y yo, quieta,

Aprendí que la sonrisa
  -a veces-
es lo único que nos queda.

Pero siempre es lo más bonito que nos llena.

domingo, 22 de mayo de 2016

Extensión I

Caen piedras entre los acantilados
y la soberbia es la única que está en pie.

Soy la que corre,
la que mira a través de las hojas de los claveles,
la que se ríe en el río bañándose desnuda,
corriendo al son del viento
que rueda por mi piel
y se opone al frío del invierno.

Crezco entre lirios y palabras,
la música se escapa de los labios de los que deciden
mostrarme las agallas que tienen
para seguir adelante,
arando un suelo lleno de mala hierba
y buscando la salida
voz en mano.

Navegamos, unidos,
al sin fin de la esperanza mientras salimos a flote,
mientras nos vemos
-riendo-
como si mañana no fuera a crecernos la piel,
como si ayer no hubiera pasado,
como si hoy fuésemos los únicos.

Es tarde y nos encontramos
bebiendo cerveza de la misma botella
nos encontramos hablando sobre el ser y el existir.
Sobre la belleza de la verdad
y la piel rozando el suelo.
Sobre la soledad rodeados.
Sobre el huir juntos,
sin saber a donde,

pero huir...