domingo, 4 de noviembre de 2018

Volver

Irme como recuerdo del pasado.
Como la caída que tuve tantas veces.

Sobrevivir como forma de caminar
y coserme cada una de las heridas abiertas.

Volver a abrirlas cuando no me quede nada
acordarme del miedo
pasear entre la tristeza y el escombro
cuidándolo, porque es mío.

¿Qué pasará si decido quedarme quieta y respirar?

miércoles, 29 de agosto de 2018

04-12-2017

Cuando duele tanto algo que te has quedado sin sonrisa.
Cuando me paso los minutos de esta noche con el cigarro en la mano.
Cuando sabes que no cambiará nada y que en vano son los sentimientos que te pululan por dentro.

Cuando duele tanto algo que te has quedado sin sonrisa.
Cuando te tengo delante y no pienso más que en ti, y tú en ella, y ella ya no está
y tú estás aquí, conmigo
y yo estoy aquí, sola.

Cuando duele tanto algo que te has quedado sin sonrisa.
Cuando te miro a los ojos buscándome y no me encuentro.
Cuando sé que no voy a encontrarme nunca.
Cuando me da rabia no haber sido quien corriese primero.

Cuando duele tanto algo que te has quedado sin sonrisa.
Cuando te beso y pienso en nosotros.
Cuando me besas y piensas en vosotros.
Cuando llego y te veo en mí.
Cuando llegas y te ves en ella.

Cuando cada segundo que pasa es un segundo más de miedo a que llegues y me digas que te vas.
Que lo dejas todo.
Que ella ha vuelto.
Y yo no podré hacer más que reír contigo y llorar de felicidad,
porque volverás a reír.

Y yo no podré hacer más que volver a casa y llorar.
Llora r de rabia.
Te veré feliz y eso apaciguará mis nervios.
Porque te habrás ido y serás feliz.
                                                      Pero no conmigo.

"El aleteo del ave salvaje"



Nuevo vídeo en youtube.
(Enlace: https://www.youtube.com/watch?v=yN_I34s2AtI&list=PLlIshiFYj0A14qkKPlGI5tcNGmFn_cF46&t=4s&index=7) 


Música: Efe Navas
Vídeo: Dhyana
Sonido: Junior, Colectivo La Cancha
Edición: Sergio Escribano


viernes, 17 de agosto de 2018

La Satine, de Gatta Cattana




LA SATINE

Pero yo nunca fui Helena.
Yo nunca fui Helena y ni siquiera Penélope.

Yo nunca fui ese tipo de princesa
que espera sentada escuchando
odas a su hermosura.

Porque yo era más la Satine,
la Agripina.
La Teodora de Bizancio que administraba
y quebraba imperios con una palabra.

Porque yo era más la Salomé
y exigía cabezas
y exigía sangre y acción
en los pactos.
Exigía muestras de cosas imposibles
y ahora me traes Saturno
y mañana te pediré Júpiter.

Todo fue divertido hasta que viste
que mi guerra jamás acabaría
porque yo era la guerra y la guerra
era yo.
Porque llevaba la polémica en las raíces
y jamás me bastó
la mera existencia.

Y entonces venían los días torbellino
en los que ponía el mundo del revés
y escupía espumarajos y gritaba profecías
como Casandra en sus peores rachas.

Venían los días estándar en que
lloraba como una niña que apenas piensa
en imágenes y pataleaba
como intentando apartar semejante carga,
la nada, el sinsentido que es todo
y la responsabilidad de andar
con la cabeza erguida.

Además tu ya sabías de
mi estúpida manía de
creerme la Gorgo de Esparta,
la Cleopatra de Egipto,
y la peor de las Erinias,

la novia en la boda
y el muerto en el entierro.

Y a mí siempre me ha gustado
ir a verte con los ojos de Medusa,
con los pelos de Medusa
y el lenguaje de Medusa
a ofrecerte rituales tentadores
de pecados y manzanas
donde sólo tu sabes paliar
los días estándar,
los días torbellino,
la carga.

Donde sólo tu sabes hacerme creer
la diosa de la disputa,
la Juana más loca de todas
y la Medusa más Medusa
que jamás haya visto la historia.

Y en eso te doy la razón.

Porque yo nunca fui Helena.
Yo nunca fui Helena y ni siquiera Penélope.




martes, 12 de diciembre de 2017

En duda

Después de 4 años me he visto otra vez. En el espejo.

Ya no floto, me hundo en la nada.
Me hundo, hacia el vacío más negro,
haca la nebulosa originaria.
La que no se conoce.
La que duele.

Ya no floto, me hundo en el mismo charco de barro de la última vez que me vi hundiéndome.
Me hundo, hacia el infinito más oscuro,
hacia el sin fin de lágrimas que abarrotan las espinas.
Las que pinchan.
Las que duelen.

Duelen los intestinos.
Te vas, y no te das ni cuenta.

Con más miedo que agallas avanzo hacia adelante,
sabiendo que no vas a quedarte, y jugándomelo todo.
Al fin y al cabo es como me enseñaron:
dolerá, y si duele es porque sigo viva.

Soy incapaz de mirarme de frente en el espejo,
de pensar si no es en tu risa.
No me veo, ahora, si no es contigo.

Ahora que fumo sola, que no salgo de casa y que duermo más que río
me pregunto si la necesidad me la he creado yo o eres tú, que me has llenado tanto
-tanto, tanto-
que no quiero que te alejes.

Ahora que me veo sola,
me paro a pensar en mi alrededor
y te veo en el,
sin estar, con apenas un beso de más.

Te irás, como todas las cosas buenas te irás.
Me enseñaron que querer tan fuerte
-tan fuerte, tan fuerte-
solo ocurre una vez.

Yo, a día de hoy, lo pongo en duda.

miércoles, 26 de julio de 2017

Recuerdo I

Miedo me da rememorar viejos traumas, encontrar la salida con la puerta cerradao abrir la ventana y que o haya luz.
Sucumbir ante los ojos del silencio es algo así como dejarse llevar y caer, medio muerta, entre los escombros del atroz final de las venas.

He aprendido a valorar el ruido de Madrid y el silencio de Villalba; el rugido de mi piel y el estruendo de tu calma.
He aprendido a ser más que nunca un yo en mayúsculas y hasta las trancas.
Enamorarme de mi escombro, mimarlo hasta convertirlo en llano en el que acostarme.

Un fulgor mortecino en mitad de la oscuridad, son tus ojos mirándome fijamente entre el fuego y el asfalto.

lunes, 17 de julio de 2017

Corre, como la última vez que te vi.

Te recuerdo como si nunca te hubieses ido.
Como si el día que cogiste la mochila y el avión nunca hubiese pasado.
Como si el último adiós que nos dimos fuera un simple "te recojo esta noche".

Ahora que ha pasado el tiempo
y me quedo sin venas que trenzar
solo veo pasar mi vida, mi gente,
mis recuerdos más olvidados.

Me acordé del silencio que hicimos crecer entre la piel,
tú más de callar
yo más de escuchar.

Así acabamos los dos entre latas de cerveza y sin tabaco,
sin hablar,
mirando el cielo estrellado
extrañados de la incomodidad del paso del tiempo
esperando a ver quién saldría corriendo más rápido.

Y no me equivoqué,
fuiste tú, huyendo, como siempre, de los problemas.