domingo, 18 de junio de 2017

Ni piel, ni cuerpo

Manjar de dioses
retorcida entre las murallas.
Eva fue desterrada entre la furia y el escombro.
Mirando desde abajo,
desde dentro,
su legado se hacía visible a pie de cañón.
Salieron de entre la mala hierba
las rosas cubiertas de espinas
haciendo daño,
haciendo ruido,
haciendo vida.

El recuerdo de aquel pasado lo llevamos en la cabeza: 
nos dejaron sin piel,
les dejamos sin cuerpo.

No soy el manjar del dios que tú creer.
Soy la colina verde en plena primavera,
la lengua que pasa mojada por tu espalda,
el surco en la risa del que no lo ha perdido todo,
                               y aún así mira hacia adelante,
                               y aún así se refleja entre nosotras,
                               y aún así no tiene miedo al mañana.

Pasionaria lucha entre la verdad y la sinrazón.
Gana la batalla mujer, insumisa, libre.


sábado, 10 de junio de 2017

Nosotros, somos

Somos una esquina. Un recuerdo.
Una migaja de mierda en los ojos de algún alejado de la vida.
Somos un suspiro aún sin expulsar y un sudoroso polvo en medio de la noche.
Somos el final del camino y el principio de la vida.
Continuamos por el carril de la desobediencia. Espinos donde duelen.

Silencio roto cuando alguien grita
y mirando al infinito
respiramos
cogiéndonos desde dentro
hacia el futuro de la
revolución.



https://lageneraciondel17.wordpress.com/2017/06/10/nosotros-somos/

miércoles, 24 de mayo de 2017

Cero al miedo.

"Estamos juntos en esto", dijimos mientras mirábamos más allá de las montañas.
Los edificios, alrededor, habían desaparecido y nosotros, como si aún quedasen miradas vacías a nuestro alrededor, nos vimos rodeados de bocas llenas de amor, de recuerdos en abrazos y de lágrimas en las risas. Nos vi cogidos del cuello, pasando por alto el miedo al futuro y con las ganas de luchar más a flote que nunca. Salimos a la calle, prendimos fuego a la vergüenza de estar en silencio. Nos vi rodeados de edificios con las ventanas llenas de gente que gritaban a nuestro son. Nos vi con los palos y el la fuerza en las manos. No sentimos miedo al mirarles a los ojos. Sentimos el cosquilleo de saber que ahora somos nosotros.






Fuimos un último respiro en el alfeizar. 
Se nos quedaron las colillas en los labios, 
desgastadas, 
con el cartón mordisqueado y mis dedos
resecos
buscaban la próxima sonata de trombón. 



No os tenemos miedo. 

No os vamos a echar de menos. 

No sentimos pena. 

Nos veremos. 

lunes, 20 de febrero de 2017

Lluvia.

Te vi entre los escombros de mi cabeza
y concebí el mañana con dos manos de más.

Me encanté
viéndome abrir la cristalera y cerrar los ojos
para escuchar el eco del universo.

Yo soñaba con verme
tú no hiciste más que mirarme;
teníamos entre las manos la firma con saliva en el pecho.
Eché a volar con las plumas que me crecían de la cabeza,
volaste cogiéndome de las manos llenas de aire.

Aguanté el paso rápido del tren
dejando tras de sí una humareda
en la que el polvo se encargaba de cerrarme los pulmones.
Tú me ayudaste a salir a flote,
acampaste entre la rutina y lo instintivo.

Nos llovimos,
sin darnos cuenta nos llovimos
tanto tiempo
que al final
el dolor
acabó
por doler
como si no hubiese una cama libre en la que anidar.

viernes, 7 de octubre de 2016

La fuerza, el respirar, la lágrima.

He recogido los frutos de las enseñanzas de mi madre.
Mi abuela, sentada, me contó que no tenía fuerzas.
Mi abuelo, sin estar, me daba todas las del mundo.

He escupido tras aquellos pasos mal calculados
y me dejaron en fosos llenos de cemento.
Y ahí,
quieta,
pensaba en el aullar de los lobos
en pleno silencio nocturno
con los ojos al cielo
clamaba que me sacarán, 
a rastras
que me sacarán de la caída libre más grande.

Lloré por mí, no por nadie. 
Lloré por las fuerzas que me quitaron
por las espigas que me apresaron la falda
por las lágrimas que me cercaron el paso.

Y respiré,
por la luz que apareció
entre la muchedumbre
abriendo en mi cabeza
las retinas enclaustradas
entre los barrotes
de la niñez.

lunes, 19 de septiembre de 2016

Entre motas.

Crezco echando de menos las botas de agua
y navegando en el vacío del crecer
sola.
Me veo en el reflejo
del incontrolable paso del tiempo
con más años que ayer,
creciendo a pasos de hormiga
con más sonrisas que antes
y menos miedo al fin
del último bostezo.

No vivo para estar a tiempo,
intuyo cada uno de los pasos que tengo que dar
y todavía estoy
como sin ganas
en la curva que separa
el destino
de la suerte.

Me levanto madrugando entre cada mota de polvo
    -silenciosas notas voladoras-
acurrucada en la manta
y aún me pregunto si seremos
los únicos que

sin tener alas

volamos.

martes, 16 de agosto de 2016

Con las alas rotas.

Tengo las alas cosidas por mis propias manos.

Podéis romperlas,
siempre llevo la aguja en el bolsillo
por si me toca pinchar o coser.
En eso estamos,
o camino acompañada o vuelo sola
incrustándome en los ojos
las motas de polvo que aparecen 
al respirar en lo alto.

Ahora, que me quedan
apenas ganas de coser
lo aprovechaste para arrancarme 
las plumas con las que te acariciaba.
Supiste dónde dolía y cuando,
cómo y por qué hacerlo.
Me dejé, 
como si no tuviese miedo.

Pero lo tenía, 
tanto que ni me daba cuenta,
porque al estar tú aquí,
conmigo,
de la mano 
         -más tarde me di cuenta de que apretabas, mucho. 
         Y dolía-
era echar a volar
sin siquiera haberme cosido las alas.